Retrato en movimiento de Omar Daf y su pintura

Lo peor de la heteronimia es que acabas hasta el gorro de ti mismo

Omar Daf dixit…

Que yo sepa Omar Daf nació de un estallido de espumón y la mutación inevitable de textos destilados. Nutrió su pintura de filamentos subversivos que previamente catalizó en ánforas de hormigón, (un tomo voluminoso, cuya lectura consumió parte de su juventud), y sin temor a equivocarme, nació forjado en viento, olas y (contra)-cultura pop.

Una cultura pop que Omar abraza y vicariza, galvanizando la alta prosodia y desventuras del joven Werther cómo habita el rayo sobre la tierra. Descargando su energía sobre la toma de suelo y proyectando planos de todos los seres que pretendía ser y finalmente es.  (De seguro la heteronimia aún no ha terminado).

¡Cuántas veces he tenido que calmar mi sangre, lista a enardecerse e inflamarse! No es posible que hayas visto algo tan desigual, tan inquieto como este corazón; ¿pero tengo necesidad de decírtelo, a ti, mi amigo, que has sufrido tantas veces al verme pasar, a menudo, de una negra preocupación a una loca extravagancia; de una dulce melancolía al ardor de una pasíon? Así gobierno a mi pobre corazón como trataría un niño; le dejo pasar todos sus caprichos. No vayas a repetirlo, que hay quienes harían un crimen de esto

Johann Wolfgang von Goethe. Las penas del joven Werther.

Omar Daf fue y será un ingeniero civil. Que planea cómo rodear la rotonda del mundo atravesando la bisectriz. Que puentea entre espacios dispares para quedarse en la zona intermedia autónoma a pensar y parlotear un rato. Y como se ha desentendido de escribir su propia biografía para repeler la hagiografía, me veo yo en la difícil tarea de describirle en sus múltiples facetas…que, por otra parte, desconozco.

Así, copiando su estilo que bebe y regurgita de una cultura pop común, (a estas alturas entendemos a Goethe como pop), salpico este texto con citas y tonadas, referencias y fotogramas invisibles, que espero puedan definir mejor quién, de verdad, es Omar Daf.

Estoy en una isla, 

y no tengo hacia donde correr 

porque yo soy el único 

que está en esta isla

The kinks. I’m on an island.

Y escojo este sampler para desdecirme a propósito, ya que Omar es profundamente continental en un sentido empático, envolvente y mitocondrial. Jamás fue un organismo solitario y ese trazo fraternal está en su pintura, si observas con atención. 

De vez en cuando viaja a Cabo Verde, las Molucas y otras latitudes remotas y se hace el misterioso, pero donde verdaderamente germina su genio es rodeado de amigos y amigas. 

Es un animal social y no puede contener ese entusiasmo, que nos empuja a los demás a escribir su biografía, a acompañarlo al terraplén más obtuso, a proyectarnos en hazañas que nos han vetado y asaltar la valla casi sin esfuerzo.  ¡Alehop!, ¡triple loop!

Todos mis amigos estaban allí

Mi gran día, fue el día más grande de mi vida

Fue la cumbre de mi larga carrera

Pero me sentí deprimido y bebí demasiada cerveza

La gerencia dijo que no debería aparecer

Salí al escenario y comencé a hablar

La primera noche que me perdí por un par de años

Le expliqué a la multitud y comenzaron a burlarse

Y justo cuando quería que nadie estuviera allí

Todos mis amigos estaban allí

No solo mis amigos, sus mejores amigos también

Todos mis amigos estaban allí para pararse y mirar (…)

The kinks. All of my friends were there.

Y más o menos así conocí a Omar Daf…antes incluso de que fuera Omar Daf, antes incluso del nacimiento de su némesis, el poeta Lujo Berner, antes incluso…de beber un whisky barato llamado Glenn Clova.

En aquel tiempo vivíamos  las calles de MurciAlicante como unidad bicéfala a un tiro de cercanías. Y aparte de los incunables brebajes que nos acompañaban viajaban con nosotros los escritos de Rimbaud, Verlaine, Baudelaire y Huidobro. Así fue una juventud atípica dónde la filosofía, la literatura, la música y el cine se daban de codazos con el sexo, las drogas y el rock and roll para poder entrar primero al bar y coger un buen sitio desde el que crear un vórtice y centripetar.

(…) Y tú bebes este alcohol que quema como la vida

Tu vida que bebes como un licor

Vas hacia Auteuil quieres llegar a tu casa andando

Dormir entre tus idolillos de Oceanía y de Guinea

Son los Cristos de otra forma y de otra fe

Son los Cristos inferiores de misteriosas esperanzas

Adiós Adiós

Sol cuello cortado

Guillaume Apollinaire. Zona.

Y desde entonces sé de su poder magnético, verborrea beat, de su cuidado y cariño a los que tiene a bien querer, que son casi todos. Así de generoso es. Se llame cómo se llame.

¿Y quién puede matar a un niño como Lujo Berner, como Omar Daf, como Ira la Motta? Sólo un hechizado Bernardeau, harto de heterónimos, pseudónimos y doppelgängers, en un hipotético ataque de sincericidio, podrá conseguir mandarlos a criar malvas estrellándose contra el espejo. 

No creo que esto ocurra nunca, pero habrá que estar atentos…entonces sus cuadros y poemas serán mucho más caros y podremos al fin venderlos a buen precio.

In a Gadda Da Vita

*(Meta usted en una habitación-coctelera a Iron Butterfly con los personajes de La Dolce Vita de Fellini y agite con fuerza para continuar leyendo)*

En los trazos de su pintura, me centraré, caben desde Emil Nolde a Saura o Basquiat, de Du Buffet a Kurt Schwitters y tantos y tantas que sería cansino catalogar, (aunque estemos dentro de un texto al que llamamos “catálogo”… y es que aburre eso de catalogar)…pero sobre todo está su Sensei, Miwako Yamuguchi, quien le sacó de su zona de confort y le hizo detener la polvorilla levantada por su ajetreo innato, obligándole a contemplar la estela de partículas de polvo en suspensión satori en un momento continuo de no-mente.

A Miwako hay que agradecerle necesariamente su visión en la construcción de lo que hoy se da en llamar Omar Daf. ¿Y mañana?, ¿Cómo se llamará mañana?
Sin duda, mañana y en todas las fiestas del mañana, seguirán presentes en su obra sus amigos y su vida, y un arqueo de cejas de Peter Falk y una sonrisa explosiva de Gena Rowlands en un film de Cassavettes, la monumental oda a la amistad de Kerouac, la rebeldía de Burroughs y la gasolina que le quede por quemar a Gregory Corso en la reserva de su depósito celestial.

Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

Jack Kerouac. En el camino.

Mientras escribo esto Omar chatea inquieto, pensando que necesita un nuevo nombre ad-latere, un heterónimo nuevo reluciente al que poder presentar en sociedad y dirigir a la falla. Un flamante leño mecido por Lady Log que le diga al oído dónde queda la entrada a la Logia Negra.

Cambiarán los nombres, cambiarán las fechas, pero las olas seguirán siendo eso, lo nuevo viejo sin principio ni fin, el intervalo de vacío surfeable que inevitablemente sucumbe a la marea crecida.

Y surfeando, recién salido de una convalecencia pandémica, con un pincel en su mano derecha y un nido de sintaxis en su mano izquierda, con ustedes niños y niñas, el auténtico y a la par apócrifo…(redoble de tambor)… Omar Daf!

L’étoile a pleuré rose au coeur de tes oreilles,

L’infini roulé blanc de ta nuque à tes reins;

La mer a perlé rousse à tes mammes vermeilles

Et l’Homme saigné noir à ton flanc souverain.

 Arthur Rimbaud. L’étoile a pleuré rose.

Tais Bielsa Rey.

Noviembre de 2020. Texto para el «catálogo» de su exposición en Laboratorio de Artesanía.

 

 

 

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