Oleadas de latidos

La pintura de Omar Daf está atravesada por la música, la poesía y el surf, y, en ese nudo de culturas y formas de mirar, trasciende lo cotidiano. A través de capas que se van superponiendo, su pintura une, por fin, el antiguo debate entre imagen y texto, en el que participaron grandes artistas, como Leonardo Da Vinci:

la pittura è cosa mentale

A veces es el color el que predomina, mientras que, en otras ocasiones, el texto va inundando el plano pictórico y con él, haciéndose más grueso y grande, el gesto, la fisicidad propia de pintar.

Las referencias, que parten del imaginario personal de Daf, se van plasmando de una forma universal, reconocible. Letras y títulos de canciones, recortes de revistas, fragmentos de poemas…que conforman una serie de significados que se lanzan hacia el espectador y su bagaje. También hay expresionismo abstracto, tensión, intensidad, en el reflejo de un sentimiento primario, decisivo, que no esté mediado por el lenguaje, sino por la emoción pura.

Lejos de inscribirse en un tiempo fuera del común, las obras aluden a las olas, aquellas que Omar Daf sueña de vez en cuando en el desierto, o a las calles rodeadas de grafitis y añadidos, que a veces ve como si fueran suyos en su palacio mental. En su pintura, en su cultura viva, texto e imagen, estériles por separado, desarrollan sus capacidades plenas conjuntamente. No en vano, me comentó la noche de su primera exposición, a medio camino entre el agotamiento y el júbilo energético:

mi triste corazón babea a popa / y de noche compone unos frescos / llenos de gargajos rojos de metralla / que se hunden en los batallones / que el fuego / incendia en masa.

Después, subió a dormir a su habitación y no lo vi nunca más.

Héctor Tarancón Royo.

Etiquetas: