Con alevosía

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Esta obra desapareció la noche del sábado 26 de marzo de 2022 del taller donde la pinté, el Rancho Rosa Espacio Cultural, situado en la calle Vitorio del barrio de Santa Eulalia (Murcia)
Fue una noche extraña. O quizás no.
Pero si fue una noche que inició el dolor y suavizó la alegría.
Un dolor causado por otra pérdida. Pero en este caso una pérdida sin consuelo.
Pero me estoy desviando. Esto no va de esa pérdida, ni tampoco de mí.
Sino de ti.
En un momento dado viniste a mi taller, rodeado de espléndidos ángeles alados de la noche murciana. Incluso siéndolo, lo que añadiría un poco más de ardor al asunto.
Como decía, entraste en el taller, oíste la música y la risa, incluso participaste de ambas a tu modo, y lo viste.
Ahí, junto a la estantería, muy expuesto -yo quería que se viese-. Porque yo amo ese cuadro.
En un momento dado lo tuviste claro, en la penumbra de una madrugada dionisiaca, cuando no tenías quien te viese, lo desenganchaste y lo enrollaste. Quizás lo metiste bajo el abrigo, o te lo metiste bajo la manga o en la pata del pantalón.
Tu cabeza te decía que tenía que ser tuyo, que te lo merecías por tu audacia. Quiero pensar que, al menos en ese momento, tu también amabas mi cuadro. Y te agradezco ese amor.
Luego huiste, bajo la noche cerrada de la calima o quizás bajo el azul que insinúa la aurora. Y luego a dormir, con el cuadro cerca, entre ropa tirada y vapores contaminantes.
El problema es el día después. El ahora mismo.
Intento pensar que posibilidades te quedan.
Podrías poner el cuadro en tu pared, pero como ver cada día algo que sabes que no es tuyo. No todo el mundo vale para eso, para encontrarse con algo que sabes que pertenece y es amado por otra persona. ¿Y qué pasa si vienen visitas a casa (en el caso de que recibas a gente en tu casa)? ¿Lo dejarías puesto, aun a riesgo de que esas visitas lo hayan visto en las redes?
Otra opción, tremendamente dolorosa, es que elimines las pruebas. Que lo tires a un contenedor y a otra cosa mariposa. Pero eso automáticamente te convertiría en un fraude. Tu acto audaz y nocturno quedaría transformado en la nada, tan solo el capricho de una persona fallida. Espero que esto no sea así, porque entonces no hay arreglo posible. Eres un espectro, lo siento.
Por último, queda la posibilidad de que lo guardes en un armario, de quieras dárselo a alguien. ¿Pero esconder un objeto que nació para ser observado es una opción? ¿regalar algo que no es tuyo es una opción?
Haciendo de ti, me doy cuenta que no lo tienes fácil. Pero puedo ayudarte. No tengo rencor alguno. En general, creo que soy una persona que no guarda rencor a nadie. Así que menos con esto. De hecho, y ya te lo he dicho antes, me siento agradecido. Que decidieras llevarte mi cuadro (ese cuadro), para mí significa que te gustó. Que te gustó tanto que no pudiste evitar llevártelo. Un acto de vanidad al margen de la moral. También un acto de amor.
¿Y si me lo devuelves?
De forma anónima si quieres. Déjalo en algún sitio neutral. En la Cueva de la Cerveza, o en el Ocio, por poner dos ejemplos. Si eres de Murcia estos dos sitios deberían sonarte de algo. Pero me vale cualquier otra opción. Propón si quieres,
Pero no pasa nada si vienes a verme, seguro que nos pegamos unas risas. Si todo va bien, igual hasta te regalo el cuadro. Sería un bonito final.
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